No es fácil ser una rata. (Primera parte)

No, ser una rata no es fácil. Y no creo, que por ser una rata la vida sea más difícil, tampoco.

Las ratas como todos aquellos seres que te quieren chingar. Se llevan algo de ti, ya sea material, emocional, sentimental o energético. Y siempre, pero siempre te dejan con esa sensación de vacío, de burlado, de engañado y me atrevo a decir que hasta una sensación de pendejo.

Las ratas pueden manifestarse en diferentes tamaños, formas y colores. pueden invadir tu espacio como si fuera propio. pueden envolverte con mentiras o bien pueden vaciar tu alacena, roer no solo tu despensa, sino también, materiales de trabajo o trabajo ya terminado. El fino arte de las ratas de desaparecer lo que tocan es lo que las caracteriza del resto de los animales indeseables. Esa actitud ratonera que las pone a la defensiva, que las hace atacar, morder y hasta desconocer a quien las provee de alimento.

En la vida he tenido varios encuentros con roedores de varios tipos, por ejemplo:

Cuando yo tenía 8 años, un ratón entró en casa. mi hermana mayo y yo lo descubrimos y no dimensionamos que no hablar de su presencia en la casa, acabaría con la despensa. cuando mis padres se dieron cuenta del ratón, hubo miles de ratoneras, pero nuestro pequeño inquilino era muy hábil y tardo en caer en las trampas mas de una semana. cuando por fin cayó, mi hermana y yo lloramos como magdalenas porque nos enteramos que su destino era morir ahogado. Así que manera de despedida nos acercamos a la pequeña ratonera en donde nuestro amigo corría de un lado a otro, muy desesperado. No sé, porque se nos ocurrió que levantar la ratonera sería buena idea; al hacerlo la pequeña puerta se abrió por unos segundos y el ratoncito salió disparado como si pudiera volar. y yo sé que esto va asonar increíble pero en el aire lo cache con la mano derecha. Mi hermana gritaba como loca y el ratón me rasguñaba con sus pequeñas manitas. Lo apreté tanto que cuando corrimos a la cubeta donde lo ahogaríamos, no hizo falta sumergirlo. Lo había aplastado tanto que traía mis dedos marcados en su diminuto cuerpo. Ese fue el primer ratón al que me enfrente y la lección que me dejó fue no confiarme de las caritas tiernas, su naturaleza es la de una rata, siempre prevalecerá ser una rata. Las ratas no tienen valores y no importa que tan dulce se vean. No son nobles como los perros.

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La segunda vez que me topé con una rata fue una ocasión que regrese de una actividad extra clase. Yo misma me había robado, me había robado la seguridad por unos chicharrones con salsa picante.

Mis padres me habían dado dinero para pagar un taxi y volver a casa. sin embargo, yo había decidido invitarles coca-cola y chicharrones preparados a mis 11 amigos con los que había salido al cine. De regreso a mi casa se me ocurrió, ¿por qué, no irme en camión? Aunque ya había escuchado que en esa ruta asaltaban, yo me subí como siempre, con mucho ángel y bien segura de mi. Me senté en medio del camión, pegada a la ventana. A penas me estaba acomodando en el asiento, cuando se subió un tipo flaco, encorvado, con gafas obscuras y una chamarra tipo gabardina. Se quedó parado en el pasillo, junto a mi asiento y como si se tomara la cintura, abrió el lado izquierdo de su chamarra; para que notara que traía pistola. Casi me desmayo. Se sentó en el asiento de adelante. volteó a verme. puede notar mi reflejo lleno de pánico en sus gafas obscuras. Solo me dijo que le gustaban mis anillos. No supe si dárselos o qué hacer. Me quedé callada y de la nada me pregunto mi nombre. Por unos segundos, pensé en mentirle pero estaba tan nerviosa que el único nombre que pasó por mi mente fue el mio. Después de escucharlo, se levanto enojado, se puso en medio del pasillo, saco su pistola y nos dijo a todos los pasajeros que iba a asaltarnos, pero que gracias a que me llamaba igual a su madre, el asalto iba a ser suspendido porque para él, eso era una señal de que esto iba a salir mal. así que si a alguien le quedaba un poco de fe, que me dieran las gracias. Se bajo muy enojado con pistola en mano. Los que veníamos sentados nos levantamos del asiento y lo seguimos con la mirada hasta que lo vimos apuntar con la pistola a la ventanilla del conductor del coche de atrás. todo el camino me fui con un nudo en la garganta, como cuando te va a dar gripa. Durante el camino los que bajaban en sus respectivas paradas, pasaban junto a mi y casi sin verme me daban las gracias. Casi no los escuchaba. Solo escuchaba la voz en mi cabeza; que me repetía una y otra vez que me había robado a mi misma.

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fotograma de la película: Citizen Kane de Orson Welles 1941