Petra

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La semana pasada llegó Petra la prima de mi madre. Y con ella llegaron las desgracias a la ciudad.  Digo que con ella llegaron, porque la mañana que teníamos que recogerla en la terminal se nos murió la camaleona, Osbelia. Mi abuela Concha se había levantado como todos los días a las 5 de la mañana  para darle sus despectivos y respectivos grillos a Osbelia.

A mi abuela, le costaba ubicarla en el terrario. Osbelia comía tan bien que su capacidad de camuflaje lograba engañar a cualquiera. Sin embargo, esa mañana Osbelia no pudo camuflarse. Tenía un aspecto de color negro y gris. Estaba tirada en  una de las rocas de su bebedero. Parecía un tira larga de plástico. Se había secado por completo. Y yo creo que fue culpa mía. A pesar de los cuidados de mi abuela Concha, fui yo quien nunca dejo de estresar a Osbelia. Desde el día que la adoptamos en el mercado que se pone cada 3 domingos aquí en la colonia.

Yo comencé a contarle todas las cosas que me pasaban. A veces, Osbelia abría la boca como si fuera a sacar su larga lengua. Luego  de su muerte, me enteré que en realidad le estaba causando estrés lo que le contaba. Yo pensaba que le asombraban mis problemas. Al abrir la boca intentaba no estresarse y sobre todo hacérmelo saber. Nunca me di cuenta y además no me pasó por la cabeza que eso le estuviera pasando. La cuidadora de reptiles me lo dijo, cuando se me ocurrió preguntarle si vendían ataúdes para reptiles.

Y es que yo solo quería darle un entierro digno. Que no se estresará en el más allá, pensando en que su cuerpo iba a estar pudriéndose en el bote de basura o en  cualquier maseta de la casa.

Yo que tanto necesitaba una mascota amiga, no logré separar mi estrés de la amistad con Osbelia. Se me hacía fácil contrale las cosas que me estresaban. Seguramente la pobre no aguanto el estrés y con sus propios problemas reptilianos se le acumulo como una bomba de tiempo, en su diminuto cuerpo. Y no pudo más. Al menos no la vi morir, pero su muerte me dejo pensativa y triste por muchos días.

En ocasiones, sobre todo cuando veía la televisión recordaba a Osbelia. No me había fijado en la cantidad de reptiles que tienen programas de televisión. Casi series en los más prestigiosos canales de animales. Todo me recordaba a Osbelia.

Petra llegó con una maleta pequeña. Nunca había venido y le causaba mucha gracia como hablamos. Yo creo que la que hablaba chistoso era ella. La primera tarde que llegó, Petra nos hizo un guiso llamado Mole Oaxaqueño, lo traía en un frasco que decía Doña María como la señora de la verdulería. Hizo un caldo de pollo y lo revolvió con la pasta. La verdad, olía muy bien. Mi abuela Concha invito a la comadre Santa a la comilona que había hecho Petra. Durante la comida todos estábamos escurriendo de la nariz porque el guiso que había hecho Petra tenía chiles.

 Creo, que por vergüenza de ofenderla; nadie dijo nada. Yo fui a la cocina con mi plato. Puse el mole en un plato limpio y lave en el fregadero de los trastes mi pierna de pollo, la cual enjuague bien y me la comí de 6 bocados. Después, regrese a la mesa con el hueso de pollo embarrado de mole, para que todos vieran que si me lo había comido. Mi abuela me hecho una mirada rarísima de esas que ella sabe echar, las que son acusadoras y que prácticamente dicen; sé lo que hiciste.

No le dio tiempo de decirme algo porque la desgracia se presentó. Cuando todos hablaban de la última vez que habían visto un tiburón en el mar. La comadre Santa, intento contar la historia que todos conocíamos cuando su abuelo en 1900 no sé qué… la había rescatado del mar y de dos tiburones que la tenía acorralada mientras ella aprendía buceo. Pero, no acabo de contar la historia cuando sufrió un infarto fulminante. Al parecer la comadre Santa llevaba muchos años en la soledad de su riqueza y de su hogar. Dicen los que estuvieron en la comida que no la habían visto sonreír desde hacía más de 4 décadas.

Hacía muchos años que nadie la convidaba de manera sincera a comer. Y menos a comer algo tan rico. Comenzó a reírse mucho cuando escuchó hablar a Petra. Le recordaba mucho las películas del llamado cine de oro de México. Y también, le recordaban a su ex marido, Pedro. Don Pedro, como le decían los que lo conocieron era un galán, como los del cine. Era mexicano y muy asediado en la ciudad. Creo, que hasta a mi abuela Concha le gustaba. Sin embargo, la ganona fue la comadre, Santa.

Don Pedro  se casó con la comadre Santa en  1962. Eran jóvenes y según esto se amaban mucho. Nunca tuvieron hijos.  En uno de sus viajes a México en 1965 se hizo el muerto. Según, sus familiares y amigos sufrió un accidente automovilístico cuando intentaba cruzar desde Tijuana a los Estados Unidos. Eso dijeron sus familiares y amigos pero no fue así. Por muchos, muchos años, la comadre Santa lo soñaba vestido de negro como el día de su boda y lo soñaba sonriente. Y es que la comadre Santa era médium. Nunca se lo dijo a Pedro para no ahuyentarlo. Pero tenía la capacidad de comunicarse con el más allá. Por lo menos por una década intento comunicarse con su alma. Pero nunca lo logró. Una mañana, de 1974 telefoneo a México para comunicarse con su ex suegra. Pero, en esa llamada se enteró que había muerto esa misma mañana. Quien contestó fue la actual esposa de pedro, la señora, Isidra.  A la comadre Santa le cayó muy mal noticia. Fue como si todo el amor del mundo abandonará  su cuerpo. Más allá de la muerte de su ex suegra, conocer la voz de la mujer con la que Pedro compartía la vida destrozó la de ella. Y después de esto, la comadre Santa se volvió la mujer más triste del mundo. En serio, un solo saludo de ella podía ponerte depresivo por semanas.

Estaba frente a mi cuando la vi tocarse el pecho. Tosía y sus ojos comenzaron a desorbitarse. Comenzó a ponerse roja, luego morada y finalmente un pálido casi transparente invadió su piel morena. Mi madre me tapó los ojos con sus manos. Pero sus grandes anillos impidieron que sus dedos se juntaran por completo y pude verlo todo.

Hoy fuimos a dejar a Petra al aeropuerto. Allá la va a esperar mi tía Rosita. Para devolverla a su pueblo. Siento feo porque creo que Petra no sabe que a donde va lleva desgracia.